Mi primer Camino de Santiago

Estas vacaciones he podido cumplir una de las ilusiones que tenía desde que era adolescente, hacer el camino de Santiago.

La experiencia no me ha defraudado, el Camino te da mucho, quiero agradecerlo y animar a quien me lea a que lo haga.

La decisión fue impulsiva, me encontraba débil y triste y pensé que caminar me daría paz.

Todos mis amigos me animaron a que lo hiciera y me ayudaron a prepararme en el mes previo al comienzo.

El 30 de agosto empecé a caminar con una de mis mejores amigas desde Sarria.

Tenía mucha ilusión y también mucho miedo, en ninguno de mis entrenamientos había hecho 20 kilómetros,  en muchos de ellos, lo había pasado mal. Me encontraba en pésima forma física después de 3 meses de reposo por prescripción médica, no sabía si iba a poder, pero tenía que dar todo de mí hasta que mi cuerpo aguantara.

De la primera etapa, desde Sarria hasta Portomarín, fueron 23 kilómetros, llegué agotada, con mis primeras ampollas, me las curé y me acosté.

A pesar de que llegué en ese estado físico, la naturaleza ya había empezado a ayudarme, al día siguiente nos levantamos más temprano y con más fuerza para ir a por la segunda etapa.

Ese cansancio extremo no volví a sentirlo en el resto de las etapas, porque según avanzaban los días, aunque el número de ampollas era mayor, mi energía se multiplicaba, cada día queríamos comenzar antes.

El 3 de septiembre, después de levantarnos a las 04.30h, caminar 3 de las 5 horas durante noche cerrada, llegamos a Santiago, lo hicimos a tiempo de asistir a la misa de las 12.00 h para recibir la bendición del peregrino, a pesar de que nos dijeron que sería imposible por las restricciones de aforo por COVID-19.

Las emociones al llegar a la plaza del Obradoiro te llenan de plenitud, son infinitas y diferentes según lo que el camino haya sido para cada peregrino, pero, la común es la enorme alegría que sientes.

 

El camino me ha vaciado de preocupaciones y me ha dado:

  • Conexión con la naturaleza,
  • Paz interior,
  • Desapego de todo lo que pesa, física y mentalmente,
  • Empatía con el sufrimiento ajeno,
  • Confianza en mí misma,
  • Esperanza,
  • Alegría,
  • Valentía,
  • Fuerza,
  • Aceptación.

 

El camino ha dejado en mi, claridad y paz interior porque:

  • He entendido que no puedo decirle a la vida lo que tiene que darme sino descubrir y aceptar lo que tiene para mí.
  • He aprendido que, si la paz es la ausencia de lucha, el camino a la felicidad no puede ser siempre una batalla constante, sin paz no es posible ser feliz.
  • He experimentado que la naturaleza tiene para nosotros sufrimiento, pero también alegría y esperanza, vivir en conexión con ella nos hace más fuertes.

 

Después del Camino quiero decir sí en mi vida a:

  • Disfrutar de la naturaleza.
  • Cuidar mi forma física.
  • Aceptar los contratiempos y las dificultades que se me presenten sin reactividad y sin victimismo.
  • Tratar con amabilidad a todos los que me rodean.
  • Dejar de quejarme.
  • Vivir con menos.

Empecé el camino llorando todos los días y lo terminé llena de alegría, esperanza y vitalidad. Doy infinitas gracias por una experiencia tan sanadora.

Se que el Camino aún tiene muchas cosas más para mí y por eso me encantaría volver a hacerlo, te animo a que tu también dejes que el camino pase por ti.

¡Buen Camino!

Beatriz Nieto

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